miércoles, 21 de marzo de 2012

La Militancia Revolucionaria




Juan Valenzuela, militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios-Clase contra Clase

Hace algunos días, un compañero secundario, me planteó que él veía que muchos activistas que participaron del movimiento estudiantil el 2011 “habían quedado con gusto a poco” y que buscarían “agruparse” en organizaciones políticas de izquierda. Era 27 de febrero, y estábamos en una marcha de solidaridad con el pueblo patagón. Por allí también andaba un estudiante de un liceo emblemático, que conocimos en una actividad del liceo A-90 autogestionado, y que luego participó de la Escuela de Verano de la Universidad de Chile. Este muchacho, que tendrá acaso 16 o 17 años, semanas atrás, nos comentó que por primera vez en las últimas décadas, los secundarios de la Escuela de Verano habían elegido delegados y se habían movilizado. En las afueras de la USACh, y mientras gritaban contra Hinzpeter, un universitario se les había acercado, completamente sorprendido de ver a la Escuela de Verano organizada.

Estos hechos no son casuales. El 2011 miles de jóvenes despertaron a la lucha, en las tomas, asambleas y barricadas. Los dirigentes los condujeron a un callejón sin salida. Mientras en la base se apostaba por ganar la educación gratuita ahora, Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Camilo Ballesteros y Jaime Gajardo argumentaban que la obtención de la gratuidad era un proceso que tardaría varios años. Como si los tiempos de los procesos históricos no tuvieran relación con las luchas que damos los seres humanos que hacemos historia. En realidad, el que la gratuidad no se haya conseguido, no tiene que ver sólo con la negativa gubernamental. La estrategia de lucha de estos dirigentes, ligados al PC y a la Concertación, fue un factor determinante en el hecho de que la gratuidad no se haya obtenido. Aceptar la mesa de dialogo cuando el gobierno no daba nada –negociando, así, de rodillas-, justificar la represión a los encapuchados, controlar burocráticamente a las bases, todo eso debilitó la fuerza estudiantil.

Empieza el 2012 y miles de patagones pelean en Aysén, Coyhaique y otros pueblos de la zona. Exigen sueldos diferenciados, una universidad regional y salud de calidad, entre otras cuestiones. La carestía de la vida fue el motor de este proceso. En el puente Ibáñez demostraron una capacidad combativa enorme, organizando una barricada y una lucha que tuvo 14 horas a la policía en aprietos y que la obligó a retroceder. Es sábado 3 de marzo, y los dirigentes de la lucha –con Iván Fuentes a la cabeza- aceptaron deponer los cortes de ruta para sentarse a dialogar. Lo comunicaron a través delos parlamentarios UDI, PPD y RN que se reunieron con el ejecutivo ayer 2 de marzo. Pero el pueblo patagón padece en carne propia las penurias de la zona extrema. ¿Qué ocurrirá? Y en el resto del país ¿surgirán movilizaciones en apoyo? Los sindicatos obreros ¿realizarán algún tipo de acción? Y en la propia región ¿por qué no han paralizado organizadamente los obreros del salmón, los mineros y los trabajadores públicos? Una vez más: el que las cosas ocurran de uno u otro modo, no depende de ninguna “voluntad divina”, sino de las relaciones entre seres humanos vivientes, que luchan e interactúan, de las múltiples voluntades en colisión, determinadas por sus condiciones materiales de vida, de las políticas que se plantean, de las estrategias que se siguen. No es indiferente para el curso de las cosas, quién dirija un proceso, o que hayan revolucionarios organizados en un sector social determinado. Que a la cabeza del pueblo patagón esté un Iván Fuentes, que confía en el rol mediador de los parlamentarios, que a la cabeza de la CUT esté un Arturo Martínez que acaba de firmar un pacto con la CPC, no es sólo un reflejo de la situación actual de la clase obrera y los oprimidos, sino también un factor activo que incide en el proceso histórico obstaculizando el fortalecimiento de los trabajadores y pobres.

Por eso los que consideramos que estas luchas –que se hacen cada vez más cotidianas en Chile- deben apuntar a transformarse en una lucha de clases que busque derrotar a los empresarios, y acabar con la explotación, es decir, a una revolución, la que no puede darse si los trabajadores –la única fuerza capaz de asestarle un golpe letal al capitalismo-, no se constituyen como sujeto político independiente; nos organizamos políticamente e intentamos poner en pie un partido revolucionario de trabajadores. Eso es la militancia. Organizarnos, para dar cotidianamente la pelea por conseguir el objetivo revolucionario. Destinar la vida, las energías, recursos y las capacidades, a la lucha contra los explotadores y sus políticos, como parte de una lucha internacional contra los empresarios.

Los trotskistas además aprendemos de la historia de la lucha de clases. Estudiamos las revoluciones pasadas, triunfantes o derrotadas. Aprendemos a analizar la sociedad con las herramientas del marxismo. Todo esto porque nos interesa afilar nuestras armas en la lucha actual contra los explotadores, elaborar estrategias, tácticas, preparando cada batalla y la serie de batallas, con el fin de que la voluntad de los trabajadores y oprimidos predomine sobre la voluntad de los explotadores. Y más allá aún, con el objetivo de poner en pie una sociedad comunista, libre de toda explotación.

Todo esto no es el objetivo del PC. Ellos confían en la Concertación. Desviaron la lucha del 2011 al parlamento. Acallan las críticas con matonaje, por ejemplo en el anterior Congreso de la CUT. Impiden que la clase trabajadora confíe en sus propias capacidades. Por su parte las corrientes “populares” terminan subordinándose al PC. ¿Acaso la llamada “ultra” de la CONFECH no tiene responsabilidad en que Camila Vallejo y Giorgio Jackson no perdieran el control del movimiento estudiantil? ¿O acaso Alfredo Vielma no apareció también diciendo algo muy similar a Vallejo, que la gratuidad de la educación era una demanda radical que no se obtendría con la lucha del año pasado? Además, los grupos populares, hablan del “pueblo” en general, sin diferenciar que en su interior la clase trabajadora, que pone en movimiento las palancas de la sociedad, debe asumir un rol dirigente en la lucha revolucionaria. Y muchas veces sustituyen con golpes de efecto, la lucha de clases. Con eso tampoco colaboran a que los explotados ganen confianza en sus propias fuerzas.

Los trotskistas buscamos poner en pie un partido obrero de combate. Todo lo que hacemos se subordina al objetivo de destruir el poder capitalista, y que los trabajadores tomen el poder. La autoorganización de los explotados y oprimidos con métodos de democracia directa y la completa independencia política de la clase trabajadora, son claves. Todos esos jóvenes que quedaron “con gusto a poco”, y quieren organizarse para dar una lucha de largo aliento, tienen la tarea de conocer las diversas estrategias que hay en la izquierda, y decidir. Sabemos que nos encontraremos con cientos o miles, ahora que se ha abierto un nuevo momento de la lucha de clases.

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