lunes, 4 de junio de 2012


En pleno proceso de estalinizacion de los partidos comunistas a nivel internacional: Trotsky es reivindicado una vez más en la prensa comunista de Chile.


Es sabido que el estalinismo no solamente intentó borrar literalmente de los anales de la Historia la imagen y vida de León Trotsky, sino que también inventó una "historia oficial" respecto a su obra, tildandolo de "agente del imperialismo" y "traidor de la revolución de octubre", como algunas de las miles de calumnias que se institucionalizaron en contra del gran revolucionario soviético. 
A continuación, reproducimos una artículo publicado en la prensa del Partido Comunista de Chile, el año 1925, en donde se defiende la imagen de Trotsky frente a las calumnias del imperialismo y la prensa burguesa internacional. La defensa y reivindicación de Trotsky sorprende por la forma en que el articulista describe al revolucionario bolchevique: como uno de las máximas figuras políticas de la Rusia soviética. Tengase en cuenta, que ya en 1925, Stalin tenía el control del Comité Central del Partido Comunista soviético, y había empezado, después de la muerte de Lenin una serie de calumnias en contra de Trotsky denunciandolo como traidor de la revolución rusa. Pese a la campaña interna de calumnias que se estaba viviendo al interior de la Rusia soviética, el artículo publicado en el diario Justicia, muestra de manera fehaciente que Trotsky consituyó un referente para el movimiento obrero internacional, que vio como ejemplo a seguir la hazaña histórica de los trabajadores soviéticos. Años más tarde, cuando el proceso de estalinización de los partidos comunistas llegó a Chile, se dio inicio a la publicación de artículos en contra de Trotsky, planteando los mismos sofismas que ya había planteado el estalinismo en Europa.


Justicia, Santiago, 10 de mayo, 1925.

Trotzky en Moscú

Desde hace días, se ha estado anunciando por medio de las informaciones telegráficas, el regreso de Trotzky a la capital soviética no sin ir dando un tinte de otros alcances a esta noticia, incorporándola a otros propósitos, en el régimen allí subsistente.
            No se dá esa información como un resultado lógico, después de haber mejorado de salud ese líder del comunismo, y exjefe del mayor ejército. Se ha ido señalando malévola y estudiadamente, como llevado por otros fines, animado de nuevas renovaciones, que tendrían por norte el volver al sistema de gobierno burgués, o por lo menos basado en una fórmula de ligación entre uno y otro sistema.
            Sin nada que le justifique, suponen a ese ciudadano, animado de propósitos hasta contrarios al régimen imperante, en la república obrera y campesina, añadiendo que trae el convencimiento, que es de todo punto imposible, la continuación del Estado bolscheviky.
            Nada más cerrado que esos cálculos. Es de necesario estar muy apasionado y con esa esperanza afianzada por una fé única, para estimar las cosas así. No hace mucho tiempo, las empresas cablegráficas—burgueses también por sus cuantiosos capitales invertidos— derramaron por todos los países la noticia que Trotzky, por alcanzar los favores de una joven heredera de los antiguos títulos de nobleza, y otros derechos ya caducados con el advenimiento de la república libre, había tentado reponer en el dominio a la casta que el pueblo derribara de país al antiguo régimen, aboliendo el comunismo.
            Y muchas leyendas se inventaron para ser adjuntas a las noticias diarias, en diversos idiomas. Se esperaba por minutos el recio sacudimiento, que daría por tierra con el nuevo edificio social, y hasta los saldos de la antigua familia imperial, parientes y allegados, que por allí andan, animados de esperanza de restauración, tuvieron instantes de loco placer, soñando con tan iluminada visión.
            Pero nada aconteció. El hombre que tenía en su mano todo el poder, el que disponía de un millón de soldados armados y resueltos listos a ir donde su compañero jefe les indicara, no tenía la menor necesidad de hacerlo, y el más contundente desmentido, fue el que nada de aquello sucedió.
            Ahora se le quiere rodear de otra intriga de nuevas tendencias, como si en Rusia pesara la sola voluntad de un hombre. Esto trae la revelación de ignorar que allí cada sección, cada dependencia, tiene su comisario y su personal correspondiente.
            Allí no existe ni el Presidente que tantas veces anotan, ni el jede único que las noticias cablegráficas señalan. Todo está dirigido, gobernado y controlado, por consejos responsables, rectos y justicieros que ninguna práctica indebida toleran.
            El regreso de Trotzky a Moscú, no es por ningún concepto una amenaza para el gobierno soviético, para ese sistema de regencia amplia y con iguales derechos para todos.
            Interiormente nada ha de alterarse. Existe allí la culminación del talento de la labor de la capacidad, de la competencia. La distinción del que cuenta y posee los méritos para alcanzar señalamientos favorables.
            En el desenvolvimiento exterior, es natural que aún prime en parte esas anteriores situaciones. No se puede establecer prácticas comunistas con países que no lo son, que se mantienen bajo un régimen representativo, o de dinastías; ya monárquicos o republicanos. Pero cuando todos o gran parte lo sean, no han de ser necesarias esas contemplaciones y tolerancias de hoy.
            Si el país no puede bastarse a sí solo: si es necesario por lo menos hacer intercambio de productos, indispensable es también que haya relaciones comerciales con los países vecinos, quienes hasta hoy sólo tratan de aprovechar todas las ocasiones, para imponer condiciones, para que siempre en pos de sus aspiraciones, de anular diplomática o comercialmente como sea posible el poder de los obreros, hoy entronizado en el país más grande del mundo.
Animosa de progreso y de mejoramiento mirando siempre hacia el Oriente, que trae la luz de su grandeza, esa República ha ido aceptando que algunos capitalistas extranjeros exploten sus riquezas inmensas pero no para llevárselas sin dejar otra garantía y provecho, que el hacer trabajar a sus obreros y desgastar las fuerzas vivas del país. Allí las concesiones tienen una base de sociedad con el estado explotando todo con un tanto por ciento del rendimiento para la nación, cuidando que esas empresas cumplan en primer lugar, con las disposiciones que rigen en ese suelo libre, para todos los obreros, cuya garantía es superior a todas las protecciones, que las leyes de otros países señalan al obrero.
De esta manera, hay allí algunas firmas que contribuyen al progreso de Rusia, obteniendo retribuciones que son consideradas muy aceptables.
Para mantener al país en un estado de quietud, en una condición estacionaria, no sería indispensable que el capital extranjero afluyera, pero sus habitantes todos, están empeñados en que surja cada día más poderosa, y he allí, que ha aceptado la cooperación, que en todo caso no hace sino afianzar el adelanto y asegurar el estado económico de la República.
Y finalmente, si Trotzky hubiese tenido algún propósito, contrario a sus demás compañeros que luchan con todo ese entusiasmo y el mayor ánimo que procuran las grandes obras realizadas, no hubiese entregado el ejército y servídose a él al instante, para la consumación de sus propósitos.
No esperen vanamente los enemigos de la Rusia actual, que el régimen soviético sufra trastornos. Se va afianzando tanto día a día y ha dado tan positivos resultados que hay para los demás gobiernos el peligro de una conversión al comunismo, en fecha muy cercana.
Cuidado que las esperanzas de un cambio propiciado por Trotzky, de quien erradamente esperan los reaccionarios un beneficio, no se truequen en algo peor para ellos, que cuanto hasta ahora se han visto obligados a aceptar!